(1) Un alma gemela

 

Tenía aquellos cinco años, apenas,

cuando desde la otra acera en bullicio,

sin querer verte, te ví;

fuerza aquella de intensa alegría

que movilizo mi emoción

hacia ti, en tu mirada de niña

y la sorpresa del latir del corazón.

 

Paso el tiempo y los años contados;

era una primavera lluviosa

y tenia una gran pena en el alma,

un ser querido, un entierro,

mis quince años y ya huérfano;

sentí tu presencia bajo el árbol,

sin saber, ni decir nada, me diste un abrazo.

 

Supimos recorrer juntos y libres

frías montañas, sin entender el frío,

bajamos entre páramos y selvas

y nos mojamos bajo las eternas lluvias,

tus risas y sus cristalinas aguas

fueron todo,  mi ligereza un vuelo de ave,

el amor, fue entendiendo sin saberlo.

 

Un día y otro, llegaron las guerras

 a nuestro humilde y sano reducto,

contagios de un mundo moderno;

dictadores militares y financistas

ocuparon nuestras inocentes tierras,

tu te fuiste, con el miedo de los tuyos.

Me quede con tu sabor a miel y frutas,

 

Con los años, llegue a lugares lejanos,

mi alma se hizo una larga sombra,

mi cuerpo, un fugitivo en tierras extrañas

con egoísmo inhumano saturadas.

Me moví con afanes de rutina y artificios,

te busque en caminos, puentes y vientos,

y aunque no estabas, tu presencia sí estaba.

 

No se aún donde estas,  amada mía,

que haces, cada instante de tu vida,

si das alegría, como aquellas que me diste,

alegre estaré en total resonancia entonces,

si estas triste,  consolaré todas tus penas.

Volver a verte un instante sería un consuelo,

pensar en ti, es sentir la inocencia del tiempo.

 

(2008-10-21)

 

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